miércoles, 7 de junio de 2017

AMAR







































Desde la ventana la veo inclinada junto a las rosas
juntándolas lo más cerca que puede de la flor para no
pincharse los dedos. Con la otra mano las arranca,
hace una pausa y arranca otra, más sola en el mundo
de lo que pudiera imaginar. No quiere
alzar la vista, no ahora. Está sola
con las rosas y con otra cosa en que sólo yo puedo pensar,
pero no decir. Sé los nombres de esos rosales,
se los pusimos cuando nuestra reciente boda; Amor, Honor,
Cariño—
de este último es la rosa que me tiende de repente, después
de entrar en la casa entre dos miradas. La acerco
a la nariz, aspiro el aroma, me aferró a él —olor
de promesas, de tesoros. Mi mano en su cintura para
acercarla,
sus ojos verdes como el musgo del río. Y le digo entonces
enfrentándome a lo que se acerca: mi mujer. Lo diré
mientras pueda, mientras respire, con cada pétalo
de la rosa.



(Traducción: Mariano Antolín Rato)
-Edición no bilingüe-

PARA TESS

Afuera en el Estrecho el agua chapotea,
como dicen aquí. Anuncia tormenta, 
me alegra no estar fuera. Contento 
porque estuve todo el día pescando
en Morse Creek, probando una Daredevil 
roja, lanzándola una y otra vez. 
No saqué nada. Ni una pieza
siquiera, nada. Pero estuvo bien.
Fue divertido.
Llevé la navaja de tu padre y durante un rato
me siguió un perro que su dueño llamó Dixie.
A veces me sentía tan feliz 
que tenía que dejar de pescar. 
En un momento, me eché en la orilla
con los ojos cerrados,
oía el sonido que hacía el agua
y el viento en las copas de los árboles. 
El mismo viento que sopla en el Estrecho 
pero diferente, también.
Durante un rato incluso me permití 
imaginar que había muerto
y eso estuvo bien, al menos
durante un par de minutos, 
hasta que la realidad caló en mí: Muerte.
Cuando estaba allí echado 
con los ojos cerrados,
justo después de haber imaginado 
qué ocurriría si de veras 
nunca me levantara,
otra vez, pensé en vos.
Entonces abrí los ojos, me levanté
y volví a sentirme feliz otra vez.
Te lo debo a vos, ya ves. 
Quería decírtelo.




COLIBRÍ
                       For Tess

Vamos a suponer que digo
verano,
escribo la palabra «colibrí»,
la meto en un sobre
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
la carta te acordarás
de aquellos días y lo mucho,
lo muchísimo que te quiero.





PROTEGIENDO A LA NÚMERO UNO

Ahora que te has ido durante cinco días,
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y con panceta.
Me voy a rascar. Voy a ser
indulgente conmigo mismo.
Pasearé por la playa sólo si tengo ganas. 
Y tengo ganas,  a solas y pensando 
en mis años jóvenes.
En las personas que entonces me amaron 
más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas,
sobre todas las demás.
Excepto de una. 
¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estés fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama 
sin vos.
No. No tengo ganas.
Voy a dormir donde puteo si quiero, 
donde duermo cuando no estás en casa
y no puedo abrazarte como siempre:
en el sofá roto de mi estudio.



(Traducción: Jaime Priede)

UNA TARDE


Mientras escribe, sin observar el mar, 
siente entre sus dedos
el temblor de la pluma de su lapicera.
La marea se retira arrastrando
pequeñas piedras, restos de vida marina.
Todo esto no tiene nada que ver, no, 
con el origen de su emoción. No.
Su corazón se acelera porque ella
en ese instante ha decidido entrar 
completamente desnuda en la habitación.
Somnolienta, por un momento no puede imaginar
dónde está. Va hacia el baño. Sacude su pelo.
Se sienta en el inodoro con los ojos cerrados,
la cabeza inclinada; las piernas extendidas, abiertas.
No ha cerrado la puerta del baño, él puede verla.
              Quizás,
ella esté recordando lo que sucedió esa madrugada. 
Porque después de un rato, abre un ojo y lo mira.
Y sonríe con mucha dulzura.
(Traducción: Esteban Moore)



Raymond Carver (EEUU, Clatskanie, Oregón, 1939-Port Angeles,  Washington, 1988)





FOR TESS

Out on the Strait the water is whitecapping
As they say here. It’s rough and I’m glad
I’m not out. Glad I fished all day
on Morse Creek, casting a red Daredevil back
and forth. I didn’t catch anything. No bites 
even, not one. But it was okay. It was fine!
I carried your dad’s pocketknife and was followed
for awhile by a dog its owner called Dixie.
At times I felt so happy I had to quit
fishing. Once I lay on the bank with my eyes closed,
listening to the sound the water made,
and to the wind in the tops of the trees. The same wind
that blows out on the Strait, but a different wind, too.
For awhile I even let myself imagine that I had died –
and that was all right, at least for a couple 
of minutes, until it really sank in: Dead.
As I was laying there with my eyes closed,
just after I’d imagined what it might be like
if in fact I never got up again, I thought of you.
I opened my eyes then and got right up
and went back to being happy again
I’m grateful to you, you see. I wanted to tell you.



STILL LOOKING OUT FOR NUMBER ONE

Now that you’ve gone away for five days,
I’ll smoke all the cigarettes I want,
where I want. Make biscuits and eat them
with jam and fat bacon. Loaf. Indulge
myself. Walk on the beach if I feel
like it. And I feel like it, alone and
thinking about when I was young. The people
then who loved me beyond reason.
And how I loved them above all others.
Except one. I’m saying I’ll do everything
I want here while you’re away!
But there’s one thing I won’t do.
I won’t sleep in our bed without you.
No. It doesn’t please me to do so.
I’ll sleep where I damn well feel like it –
where I sleep best when you’re away
and I can’t hold you the way I do.
On the broken sofa in my study.



HUMMINGBIRD

For Tess

Suppose I say summer,
write the sord "hummingbird",
put it in an envelope,
take it down the hill
to the box. When you open
my letter you will recall
those days and how much,
just how much, I love you.



IMAGEN: Tess Gallagher, la última mujer de Carver; estuvo con él los últimos once años de su vida, y lo acompañó en el  doloroso tránsito de su enfermedad terminal. 



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