viernes, 22 de marzo de 2013

PÁJAROS SOBRE EL SOMBRERO DE VINCENT VAN GOGH



Ah, no me olvido,
no olvidaré jamás.

Pero miro estos campos
este fulgor sobre los trigos
este terrón de sorgo
esta sonrisa de agua que oculta el mar.
                                  Aquí en la patria,
                                  digo, esta provincia,
                                  la eternidad
                                  se mueve como el mundo.

Yo lo he visto a Van Gogh
sembrando en estos surcos.
He visto su sombrero campesino
entre los girasoles de Victoria
y su oreja ardida en el atardecer
convocando el vuelo de los pájaros.
Aquí lo he visto.
                      Lo veo todavía.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquella tarde de Berlín
cuando me suicidé en el canto de un mirlo
sin saber que los caballos azules de Frank Marc
estaban para salvarme 
de un naufragio en tus ojos lejanos
ya perdidos para siempre.

Ah, no me olvido, 
                         no olvidaré jamás
aquel estanque,
intimidad azul de la belleza
agua dormida de Monet
donde me ahogué de inocencia y delirio.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás
aquel portal, aquella aldaba,
aquel cielo de siglos de Toledo
precipitado por el Greco.

Ah, no me olvido,
                         no olvidaré jamás.
Pero Van Gogh
                         no estaba en los museos.

Yo lo he visto flotar 
sobre los Girasoles de Victoria.
Liviano más que el aire.
Reconciliado con la dicha.
Definitivo de fulgores.

Lo he visto entre los sorgos.
Lo he visto entre los trigales.
Y el viento levitaba su sombrero
y cardenales amarillos de las islas
cantaban sobre su cabeza
y miles de pájaros
picoteaban los granos de oro de su corazón.



Marta Zamarripa (Argentina, Gualeguay, Entre Ríos)



IMAGEN: Girasoles de Victoria, Entre Ríos (Foto de archivo)

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