martes, 21 de noviembre de 2017

LOS CASOS PARTICULARES

























(el tiempo pasa en todas partes)


Palabras hermosas sobre la humanidad fueron dichas aquí 
en el siglo XVIII: el barón d'Holbach, Voltaire, Diderot.
El filósofo era un reloj que se daba cuerda a sí mismo, y
      Madame D’Épinay discutió con sus pares de la Academia 
cuando las mujeres bordaban, criaban hijos 
y esperaban un sobresalto erótico en su boudoir.
Hermoso destino el de esta ciudad 
donde no hay abulia del conocimiento.

Por aquí también ha pasado el tiempo: hoy 
nadie mira a nadie, y no es aires de importancia: se trata 
     de un estilo, un dilema de la gestualidad: fijar los ojos 
     crea un desorden instantáneo: modales extenuados por la cortesía.

        Cruce usted una avenida, tome un café, 
compre un libro, una baguette, viaje en Metro, 
y la única mirada directa que recogerá, fiel 
al viejo desenfado de mirar a la cara,
será la de esa chica del cartel que usted conoce: ça change tout, 
sensation de ne rien porter*: un alarde difícil de pasar por alto.

De otra época llega este saludo.

*de un cartel publicitario para vender preservativos.



(la manía de cumplir años)

No es la cantidad, sino que llegan todos juntos: se hacen notar 
por presencia y ausencia: las ocasiones perdidas, el malgasto, 
también el beneficio de lo que ya ha pasado como un tren de 
carga hacia el oeste.

Qué puedo decir ahora de la soledad: que he aprendido 
a estar solo;
de los viajes, que he aprendido a viajar; 
de lo conversado, que he aprendido a conversar; 
y recuerda también que las palabras del amor 
pocas veces son palabras de amor: más bien gestos,
     sobrentendidos, bueno es comprenderlo para saber que 
     tampoco en esto
hubo desperdicio: lo que se ha ido
es porque debía irse, lo que ha quedado es el resumen: saberlo 
para que el oído no se confunda y pueda oír, 
para que el ojo no se confunda y pueda ver, 
para que la memoria no se confunda y recuerde que nada está 
terminado, que en todas partes hay desorden y es una 
suerte: de otro modo no valdría la pena moverse, 
negociar,
saludar al plazo que nos queda.
Hablar de los muchos años
puede terminar en celebración de uno mismo,
por eso me callo y sólo agrego que de los años
espero más años y además
que sea siempre de esta forma,
no de otra.



(dificultades de la convivencia)

No es necesario que estemos de acuerdo: lo extraño sería que lo estemos: el acuerdo inmejorable de los que no tienen opinión:

cómo buscar un asomo de verdad sin ser contradictorio: es posible

que yo tenga razón y que a la vez no tenga: hay un nudo no resuelto que no tiene solución: ejemplo, prometer felicidad
o lo contrario: casi nada se conjuga con el verbo ser: verbo 
    de uso aproximativo: ¿ser feliz? ¿no serlo?: lo más  
    probable
es estar en la confluencia: desalojado entre enraizados, 
    semilimpio y en el claroscuro.


                     Hay
un interés contradictorio en todo tiempo y en cualquier lugar: 
    cómo entonces tener razón 
o no tenerla
si la transformación está en la base: moverse 
es un premio
y ahí vamos enhebrando una idea tras otra 
como el pescador ensarta sus pescados en la lercha.
                    Buenas noches entonces: 
aquí termina el poema.
No hay cómo terminar con el litigio.



Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)



IMAGEN: Retrato de Madame D' Epinay (Francia, 1726-1783; escritora francesa y amante dll filósofo Jean Jacques Rousseau.





domingo, 19 de noviembre de 2017

PERPLEJIDAD AL ATARDECER


























Un pájaro solitario consume su ruta,
lleva en su pequeño cuerpo incrustado el crepúsculo
que deslava su menguada blancura.
La belleza de sus colores ha sido su infortunio.

Tarde de verano. Llueve en “el cuadro del paisaje”,
y el sonido del viento es casi un canto humano.
La luz araña el agua y se pierde en una estela de sombra
que se alarga. Sueña que el día prosigue,
pero la noche ya destila su tiempo de fatiga
que cae en un profundo reposo.

La línea del horizonte es apenas un hilo brillante,
el pájaro que atraviesa el “cuadro”:

¡qué lejos está del cielo!



Héctor Freire




Héctor Freire nació en Buenos Aires, Argentina, en 1953. Poeta. Profesor en Letras, crítico literario y de cine. Fundador de la Primera Escuela  Literaria del Teatro IFT. Fue Jurado del Fondo Nacional de las Artes (género Ensayo). Director de la revista Rizoma. Forma parte del Consejo de Redacción de la revista Topía (psicoanálisis, sociedad y cultura). Jefe de Redacción de la revista Barataria, y jefe de Edición de la revista cultural La Pecera (Mar del Plata). Fue guionista del programa televisivo DNI. Publicó los libros: Literatura y cine (1996). Sostiene Tabucchi (1999), De cine somos: críticas y miradas desde el arte (2007). Coeditor de Insignificancia y autonomía -debates a partir de Cornelius Castoriadis - (2007). El cine en su laberinto -literatura, pintura y  sociedad- (2009). En poesía: Quipus (1981), Des-Nudos (1984), Voces en el sueño de la piedra (1991), Poética del tiempo (1997) y Motivos en color de perecer (2003);  y Satori (Ed. en danza, 2010), de donde fueron extraidos los poemas publicados de esta entrada y de las anteriores.  Integra la antología La poesía del siglo XX en Argentina (Colección  Visor de Poesía, Madrid, 2010); asimismo integra  "Poesía de pensamiento", una Antología de poetas argentinos, editado en España, de la que fue asimimismo, uno de sus gestores.






viernes, 17 de noviembre de 2017

TAXODIUM DISTICHUM*























En México, cerca de Oaxaca, vive un árbol 
que, según dicen, tiene más de dos mil años.
Se lo conoce como el árbol del tule.

Ante el ojo humano,
su sensación de amenaza se impone.
Una nube vegetal que se perfila en el horizonte 
advierte que ahí la silenciosa naturaleza 
decidió poner en práctica un plan arquitectónico 
destinado a unificar a todos los árboles.
Es como si todo en ese lugar 
hubiera crecido de improviso.

A pesar de la ausencia de forma, que parece 
negar toda noción de peso y volumen, 
el árbol del tule es más que una forma viviente: 
la corteza del tronco revela toda su fatiga acumulada 
y las ramas, como anclas, son raíces 
que crecen hacia arriba. Convencido de que sólo 
resiste lo que se concentra en un único fin: 
dar un sentido al tiempo y encontrar un lugar, 
donde la muerte no ejerza dominio alguno.

(Oaxaca, 28/2/2008)
* Nombre botánico de un árbol, 
que mide 40 metros de alto y 42 metros 
de contorno. También se lo conoce en México 
con el nombre de sabino. 
Texto escrito a partir de una fotografía.



Héctor Freire  (Buenos Aires, Argentina, 1953)






miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL PRIMER SOL DEL DÍA *




















* Amanecer con monstruos marinos
J. M. W. Turner
Una ráfaga de luz abre un agujero
en la red del tiempo:
esa sucesión inevitable habituada a la carencia,
a los cuerpos ligados de la noche
que no cede a los reclamos del día.

Aletargada en una lenta ceremonia para nadie,
la oscura memoria recurrente de la lluvia
ha envuelto al frío en una fina brasa.

Ahora, los ritos del agua sobre la madera
depositan el otro tiempo de los astros.
Una hermosa superficie en la piel del ojo
agazapa una falsa definición:
otras identidades de lo abierto
ondulan sobre sí mismas en el anillo
del cielo que es puente y caricia.
Obstinada partícula de luz que sostiene
un sistema de sombras trazando su propio
ideograma de nube más sutil que el aire.

Solamente siendo fuego
la realidad de este paisaje dejará de tener sed,
para convertirse en jubilosa danza de agua.




Héctor Freire  (Buenos Aires, Argentina, 1953)





lunes, 13 de noviembre de 2017

LA ETERNIDAD Y UN DÍA

























Pero pide que tu camino sea largo.
KONSTANTINO KAVAFIS


-Qué rápido llegamos al fin del camino-

Y ni siquiera la muerte es trágica, sólo una triste fotografía 
que nos fija en su silencio, y donde
nuestras más profundas vacilaciones
son como antiguas pinturas en una cueva, que el aire de la vida
va borrando como cualquier cosa visible
dispuesta a ser asimilada: la luz sobre la hoja del jazmín,
los cabellos de mi madre transformados en raíces
sin ningún sitio a donde ir. Un punto fijo
entre las nubes que se hacen y deshacen en el horizonte.

-Qué rápido llegamos al fin del camino-

Lo que un día nos gustó deja de pronto de atraemos, 
lo que abrazamos una vez ya no nos contiene.
Y nuestros cuerpos se han convertido 
en indescifrables paisajes detenidos.
Donde lo que ocurrió ni tan siquiera existe: 
y cuán evanescente es el trabajo realizado.

-El tiempo todo lo quiere para nada.-

Aun así, dibujamos huellas inciertas más allá de las palabras, 

evidenciando lo que termina con miras a un efecto:
“Se escribe sólo para volver a borrar lo escrito”.



Héctor Freire  (Buenos Aires, Argentina, 1953)





sábado, 11 de noviembre de 2017

TEORÍA DEL COLOR ALREDEDOR DE UN SIGNIFICADO

















Con las lluvias el limón parece más amarillo.
A la sombra. Adentro de la barnizada fronda.
Ni todavía redondo ni todavía arrugado
es un brillo contra un fondo de claroscuros.

Aislado entre lo amargo y lo dulce
resulta un débil latido, ahí, sobre la tierra,
de nuevo aparecido.
Y está a punto de decir algo.

El color de un significado
va cambiando con los días. También
su objeto en la estridencia de la luz
como en un cuadro de Kandinsky.

Lo estoy viendo al final del corredor
donde hay que ir a buscarlo.
Es necesario acostumbrar la mirada
a esa insistencia con que las cosas regresan.




Osvaldo Picardo





Osvaldo Picardo nació en la ciudad de Mar del Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina, 1955), donde actualmente reside, es profesor de literatura y dirige la revista La Pecera. Ha escrito ensayos y crítica literaria para sus publicaciones y periódicos del país y en el exterios. Entre sus libros de poemas podemos mencionar: Apenas en el mundo (1988), Dejar sin ventanas la verdad (1993), Quis, quid, ubi. Poemas de Quintiliano (1997), Una complicidad que sobrevive (2001), Pasiones de la línea (Ediciones en danza, 2008) y Mar del Plata seguido de otros lugares y viajes (Ediciones UNL, 2012), Y 21 gramos (2014) -libro al que pertenecen los poemas publicados-. Entre sus otras publicaciones se destacan: Primer mapa de poesía argentina. Solicitudes y urgencias. El noroeste: La Carpa y Tarja (2000); y "Poesía de pensamiento", una antología de poesía argentina temática, editada en España, en 2015. Tradujo junto a F. Scelzo y E. Moore The love poems, de James Laughlin (2001).







miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA EME SE LEVANTA COMO MONTAÑA




















La vida, 
la vida de las margaritas 
es el gran misterio 
M. Fernández

Me llega esa verdad de una tarde sentado en los canteros 
Del patio de tu casa, pero quién eras tu no lo recuerdo 
La vida está hecha de olvidos, de vínculos pasajeros 
Lo único que es para siempre
Es verse en ese patio soplando el polen amarillo del sol 
Las alas blancas de los pétalos de las margaritas 
Misteriosas en su nombre de mujer y su simpleza
Y en el compás de esa coreografía que les dibuja el viento 
Una tarde, una eternidad en la abeja posada sobre la corola 
El tiempo medido por la luz de los cuerpos
Sentados estuvimos y estaban las flores ignoradas dentro de nosotros 
En la tierra todavía fresca y revuelta 
Ya orgullosas de la mirada de Macedonio
Y de su inclusión en el poema 
Misterio, la eme se levanta como montaña
Eleva su sonido labial por sobre la memoria y su pérfida alusión



(Inédito, 2012;cedido
gentilmente por su autor) 


Hugo Luna





Hugo Luna es un poeta argentino, nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en 1959. Escribe y milita en poesía desde poco más de los veinte años.  Sus trabajos han sido distinguidos en concursos locales,  nacionales e internacionales. Igualmente han sido publicados en diversos medios; gráficos y de internet.  Parte de su poesía se encuentra editada bajo la modalidad de Edición de Autor y en tiradas reducidas: No Nada Nunca (junto a Alejo Carbonell, 1994); La pluma y su piar (2001); La ventana que mira (2004); En la nieve (2006); Reflejos sobre el zinc (2007); Es tu lengua (ebook 2010 – Editorial Digital LetrasKiltras,  Chile); A tientas (ebook 2013 – Editorial Digital Letras Kiltras, Chile); Agua bebida de la memoria (2014) y El apetito de la belleza  (2015).





lunes, 6 de noviembre de 2017

UN DÍA, UNA TARDE





























Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado - I. Gruss

Mi vecino está construyendo una pared
Esto no es sí mismo poético
El dueño de casa tiene puesto un pantalón
Azul y anda en cueros, mientras
Sus ayudantes lo hacen sin importarles
La lluvia, el sol
Que en algún momento caerá
Beben cerveza, descansan sus manos en la cintura
Lo auspicioso de la juventud es eso
Tener fe en levantar una pared
Fuera de toda las consideraciones que ella representa
Un día, una tarde
Medida en la espuma que calma la sed 
De a poco veo cada vez menos de ellos, crece 
La hilera de ladrillos, rojos de plenitud 
Son ladrillos huecos, como nuestra existencia 
Ahora mi vecino ha prendido un cigarrillo
Y fuma diestramente a la par que con la otra mano 
Mezcla con la cuchara dentro del balde
Es admirable como la ceniza se incorpora a la vida 
A una forma de la vida
Y estará en esa pared escribiendo con su fuego extinto 

Todo el silencio del poema


(Inédito, 2012; gentileza
del autor)


Hugo Luna (Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Argentina, 1959)





sábado, 4 de noviembre de 2017

DESOLADAS


























El desapego de las hojas              
como un resto                              
en el aire cerrado del cielo:          
-mienten las chicharras-              
y el cuerpo se perturba                
si piensa el frío                           
tan cercano.                                
Mover la cabeza                         
frente a la bruma de un mar       
distancia líquida                         
en la punta de la lengua             
adormecida                               
(ella no respira bien:                      
aire: necesito aire)                        
vuelve                                           
en la yema de los dedos                
deshilvanada                                
(el pecho: esa vasta extensión 
 desolada, sube y baja             
 ¿respira?                               
El padre no está                     
-seguro-                                 
eso pregunta)                        
y ahí se queda                        
equivocándose                                   
imperturbable                                   
los cuerpos no saben                         
que la orilla es solo                            
espuma                                             
en la tarde casi abrigada                      
ya                                                                           
el fin del verano.                               
(De: "Enero")

Delfina Muschietti




Delfina Muschietti. Poeta argentina, nació en Villaguay (Entre Rios), en 1963. Es crítica, traductora y profesora de Letras en la Universidad de Buenos Aires. Dirige en la UBA el Proyecto “Poesía y Traducción”. Ha obtenido la Beca Antorchas y la Beca Guggenheim de New York, la Beca Alban de la Unión Europea. Curadora de las Obras Completas de Alfonsina Storni (tomo I y II de Losada), autora de numerosos artículos críticos sobre poesía moderna comparada, y sobre la traducción poética. Ha publicado Los pasos de Zoe (1993), El rojo Uccello (1996), Enero (1999), Olivos (2002), Amnesia (2010). Ha traducido y compilado La mejor juventud de Pier Paolo Pasolini (1996), Poemas de Atilio Bertolucci (2003), Impromptu de Amelia Rosselli (2004), Después todo también tú de Alda Merini (2007). Aparecerá en el 2008 Poesía y traducción: una nueva Filología, en la Editorial Eudeba de Buenos Aires.Durante once años fue coordinadora del ciclo de poesía “La Voz del Erizo” en el Centro Cultural Ricardo Rojas y el Instituto Goethe de Buenos Aires. Fue directora de la colección de poesía Biblioteca del Erizo en la Editorial La Marca.





jueves, 2 de noviembre de 2017

EL VIAJE Y EL OMBLIGO

























2
guardamos historias cerca del fuego
para un millón de años
en la cocina

y apenas un instante

las cosas pueden volver  a su estado natural
las verduras perduran en mercados antiguos
las manos alzan pescados
los pimientos se mezclan con el tamarindo

olemos la olla rastreando algún animal débil
artesanos del hierro
antes nómades
buscadores de comida



4

perdí la noción de mi lugar

del que salieron engendros

vos continuás en la cama extenuado
mientras nos rodean 
imágenes 
lentas y ciegas
de la memoria
o el sueño

un hocico nos respira encima

el templo de la serpiente_ digo_
toquemos de una vez su cabeza
el transcurso sinuoso de las hechos

para que comprenda
comenzás por morderme los pies



11

los pliegues del gran ombligo en museos antropológicos
las mesetas sagradas 
el huracán arremolinado del fuego
te gusta hablar de aquellas culturas
la yuxtaposición de las edades
que terminan en tu hombro tatuado desde siempre
escucho porque trato de comprender al hombre
capaz de buscar el universo
en medio del monte albán

ese día estamos bajo un sol furibundo
cuando señalás distancias 
y necesito cubrirme la piel

dónde vivís mujer
pequeña oscura
de trenzas
rizando el maíz para la sopa
con un hijo crecido en el útero

en mi figura blancuzca
pelicorta
sobre el suelo al que me aferro
quien teme cortar el cordón umbilical de sus angustias
y dejar caer algo de tanto valor
como un hijo sobre la arenilla

(Inédito)


Catalina Boccardo





Catalina Boccardo, nació en la C.A.B.A., en 1961. Egresada de la carrera de Abogacía de la U.B.A.. Ejerce en el área de Violencia Familiar. Dictó cursos y seminarios sobre la temática en diversas instituciones públicas y privadas. Ex integrante del Comité de Bioética, SAU. Invitada al Encuentro Interdisciplinario sobre Juicios de Delitos de Lesa Humanidad organizado por la UCES en 2010. Docente y Tutora de Nivel Medio. Publicó “El jardín santo” , Ediciones en Danza, 2011,  "Territorios”, del Dock, 2012; Formosa, El Suri Porfiado, 2015; Collage,  Ediciones En Danza, 2015 y los cuadernillos “elementos”, “mangos”, “bailar”, por la editorial La Mariposa y la Iguana.  Integró los grupos-taller Gente de Lunes y El tren de la palabra. Participó de las V Jornadas Literarias, y en el Encuentro de poetas en la ciudad de San Pedro, Bs. As. , en 2007. Intervino en el Primer y en el Segundo Festival de Poesía en la Escuela.  Participó en la lectura en el Congreso de DDHH y Salud Mental, 2010. Su poesía aparece en diversos blogs, fanzines y en la Antología “Gente de Lunes”. Fue invitada a diversos ciclos de lectura. Publicó el  microrrelato “Sangrar” en un libro objeto en la Cuarta Edición, Foro de  ediciones contemporáneas del Museo de Arte Carrillo Gil, por editorial (c)acto ediciones, México. 





martes, 31 de octubre de 2017

SALA DE PSICOPATOLOGÍA








































Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián, Santillana del Mar, Marbella,
Segovia, Ávila, Santiago,
y tanto y tanto
por no hablar de New York y del West Village con rastros de muchachas estranguladas
-         quiero que me estrangule un negro dijo
-         lo que querés es que te viole dije (¡oh Sigmund! con vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en
las mejores playas de Europa)
y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada, y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18, persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,
-         una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice:
-         El dotor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
Nietzsche: “Esta noche tendré una madre o dejaré de ser.”
Strindberg: “El sol, madre, el sol.”
                  P.Éluard: “Hay que pegar a la madre mientras es joven.”
Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido
de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire,



pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi útero
(y como no pude, busco morir y entrar en la pestilente guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
hablo de la concha y hablo de la muerte,
todo esconcha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo la mahtma gandhi del lengüeteo, la Einstein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino entre pelos como de rabinos desaseados - ¡oh el goce de la roña!
Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al leproso, pero
¿se casarían con el leproso?
Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro, sí, de eso son capaces,
pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como ustedes:
-¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
Y
sí,
aquí en el Pirovano
hay almas que NO SABEN
porqué recibieron la visita de las desgracias.
Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que la sala verdadera pocilga esté muy limpia, porque la roña les da
terror, y el desorden, y la soledad de los días vacíos habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia.
Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala llena de carne prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría.
Pero
¿qué cosa curar?
Y ¿por dónde empezar a curar?
Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio.
Se habla.
Se amuebla el escenario vacío del silencio. O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
-¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar.  Asisto al inagotable fluir del murmullo. A veces casi siempre- estoy húmeda.
Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y cogerme a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda me la chuparán) a fin de que me exorcicen y me procuren una buena frigidez.
Húmeda
Concha de corazón de criatura humana,
corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
“Como un niño de pecho he acallado mi alma” (Salmo)
Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honorarla con mi presencia prestigiosa (si me quisieran un poquito me ayudarían a anularla)
oh no es que quiera coquetear con la muerte
yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a fuerza de prolongarse,
(Ridículamente te han adornado para este mundo –dice una voz apiadada de mí)
Y
Que te encuentres con vos misma –dijo.
Y yo le dije:
Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma
entidad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en la fusión de los contrarios.
El suicidio determina
un cuchillo sin hoja
al que le falta el mango. Entonces:
adiós sujeto y objeto,
todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión y del encuentro,
fuera del espacio  profano  en  donde  el  Bien  es  sinónimo  de evolución de sociedades de consumo,
y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante
relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
lejos de las ciudades en que se compra y se vende (oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada en los suburbios malsanos por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que no
has tenido madre (ni padre, es obvio)
De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación de absoluta NO-ALIANZA con Ellos

-Ellos son todos y yo soy yo
finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrían ayudar,
pero a veces a menudo los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillos jamás sabrán conocer (la profundidad, cuanto más profunda, más indecible) y los puteo porque evoco a mi
amado viejo, el Dr. Pichón R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala,
pero mi viejo se muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en
la miseria por no haber sabido ser una mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata no poco funesto pues las
monedas de oro de inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada
viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos,
mo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no son genial; sos un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
(vos, yo, a quienes la vida no nos merece)

Sala 18
Cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
15 o 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las
analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante, porque       –       oh              viejo    hermoso             Sigmund   Freud   –   la   ciencia
psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado:
abrir se abre
pero ¿cómo cerrar la herida?

El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o
seguramente, le ha causado la vida que nos dan. “Cambiar la vida (Marx)
“Cambiar al hombre (Rimbaud)
   Freud:
   La pequeña A. Está embellecida por la desobediencia”, (Cartas...)

   Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica.  Sin duda, muchas claves las extrajo de “los filósofos de la naturaleza”, de  “los  románticos  alemanes”  y,  sobre  todo,  de  mi  amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como:
“Él le había puesto nombres a sus dos pantuflas” Algo solo estaba ¿no?
(¡Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
Y a Kierkegaard
Y a Dostoyevski
Y sobre todo a Kafka
a quien le pasó lo que a mí, si bien él era púdico y casto-“¿Qué hice del don del sexo?” y yo soy una pajera como no existe otra;
pero le pasó (a Kafka) lo que mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo tuvo que saber
que de allí no se vuelve

se alejó me alejé
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan, procrean, veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa ambigüedad del lenguaje
(No es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)


El lenguaje
            -yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decídete;
te las picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te las picás,
yo, por mi parte, no puedo más.



Alejandra Pizarnik




Flora Alejandra Pizarnik nació en 1936, en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia de inmigrantes judíos oriundos de Rovne (Eslovaquia Oriental), de padres comerciantes, Rejzla Bromiquier y Elías. Cursa sus primeros estudios en la Escuela nº 7 de Avellaneda y la "Zalman Reizien Schule", centro formativo hebreo. Durante su juventud padece trastornos alimenticios y tiene problemas con las anfetaminas. En 1953 Alejandra Pizarnik ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, cursando en forma intermitente hasta 1957, cuando se cambia a la Escuela de Periodismo y, más tarde, estudia pintura. En 1960 viaja a Francia y reside en París por cuatro años, estudiando Literatura Francesa en La Sorbona, trabajando para la revista "Les Lettres Nouvelles" y haciendo traducciones de autores surrealistas. Trabajó para la revista "Cuadernos" y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa. En 1965, retorna a Buenos Aires (Argentina) y obtiene en 1968 la beca Guggenheim, viajando tiempo después a Nueva York (Estados Unidos) y París (Francia).  En Buenos Aires publicó tres de sus principales volúmenes, "Los trabajos y las noches" (1965), "Extracción de la piedra de locura" (1968) y "El infierno musical" (1971), así como sus trabajos en prosa "La condesa sangrienta" (1971) y los Diarios.  Entre 1970 y 1972 entra en un estado de depresión muy grave, que la llevó a intentar suicidarse en reiteradas oportunidades, hasta que finalmente es internada en un hospital psiquiátrico (1972), permitiendo que el fin de semana vaya a su casa. En septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, Alejandra Pizarnik, se suicida en su departamento con una sobredosis intencional de "Seconal", dejando una de los corpus poéticos más rupturistas y significativos del Siglo XX, en la Argentina. Su obra ha sido influenciada principalmente por el surrealismo, aunque con rasgos sumamente originales; sus poemas son concisos, claros y oscuros, contundentes.